y así no la llevábamos.

no era que el no me quisiera,

porque lo hacia.

era de que tan solo al pensar que yo me podría adueñar de su corazón y al igual hacerlo trozitos, 

la piel se le erizaba como gallo a punto de convertirse en comida.

pero si lo hubiera dudado tan solo un poquito o quizás si se hubiera atrevido a preguntarme, pues no se.

tal vez yo me atrevería a contarle que siempre le e tenido miedo ala obscuridad,

que odio estar totalmente en ella,

y aunque casi nadie lo sepa,

el lo llegaría a aprender acostado a mi lado, entrepiernado,

sonando que existimos en una esferita de vidrio lejos de todo lo que los demás piensan.

pero al fin, ni vidrio ni duda.

para el, yo siempre existiré como un riesgo muy grande como para tomar ligero.

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